Don Emilio Larach: "uno crece por necesidad"

Una de las personas que más admiración me merecen es el empresario Emilio Larach, por don de gentes, humildad y voluntad incansable de ayuda a su prójimo.

Don Emilio ha recibido muchos premios, entre ellos el que le otorgó la Asociación Hondureña al Rescate de los Valores y la Moral (Valmoral).

Ya cumplidos sus 86 años, atiende sus negocios como el primer día. Recorre sus tiendas y habla directamente con sus clientes.
En una conversación ofrecida a un medio local, el empresario recuerda que antes se levantaba a las 4:30 de la mañana con su esposa Vilma y a las 7:00 estaba abriendo su negocio. Hoy su hora de dejar la cama es una hora después.

Me quedo un rato más con mi esposa –dice-, pero a las nueve de la mañana ya estoy en la tienda.

Don Emilio Larach Chehade nació en San Pedro Sula a principios del siglo pasado, el 31 de agosto de 1929, en el hogar que formaron los inmigrantes palestinos Salomón Larach y Emilia de Larach.

Realizó sus estudios primarios en la escuela San Vicente de Paúl y su bachillerato en el emblemático Instituto José Trinidad Reyes. Luego partió a Estados Unidos, donde logró culminar sus estudios superiores en Administración de Empresas.

De aquellos tiempos de infancia y adolescencia recuerda las escapadas con sus amigos a río Piedras, donde aprendió a nadar por su propia cuenta.

Con un cúmulo de sueños germinando en su interior, regresa a San Pedro Sula y con apenas 22 años se incorpora a laborar en septiembre de 1951 en el almacén Jorge J. Larach y Cía. propiedad de quien a la postre se convertiría en su suegro e impulsador en los negocios.

“Ahí le hacía de todo, trabajaba en la bodega y en la tienda, también salíamos a vender a Tela, La Ceiba y Puerto Cortés”, rememora con nostalgia.

Durante esa etapa, don Emilio entabla una relación sentimental con la jovencita Vilma Larach Larach, hija de su jefe don Jorge J. Larach.

Tras un tiempo de noviazgo contraen nupcias e impulsados por su suegro deciden en 1955 emprender su viaje a Tegucigalpa, donde se afincan para hacerse cargo de la naciente Larach y Cía. sucursal en aquel momento de Jorge J. Larach y Cía. en la capital.

“Me vine a Tegucigalpa exiliado”, recuerda con humor el empresario aquel año cuando decidió tomar a su joven esposa, sus pocas pertenencias y se mudó a la capital para asumir la gerencia de la compañía familiar. En esos tiempos nació su primogénita y única hija Juanita Ivette Larach.

En Tegucigalpa, don Emilio Larach se ha ganado a pulso el respeto de sus homólogos empresarios por su integridad, liderazgo, visión en los negocios, responsabilidad social y carácter afable, pero crítico ante las injusticias.

Recuerda sonriendo que hace varios años lo llamaron a integrar la directiva de la Cámara de Comercio de Tegucigalpa porque ya no lo aguantaban con las críticas, así que lo mejor fue invitarlo a formar parte de esa organización y tenerlo de su lado.

Este empresario capitalino, pero de raíces sampedranas, además goza del profundo aprecio y el cariño de miles de personas de estratos humildes que se han beneficiado de su labor social y lo ven como uno de sus grandes benefactores.

Sin mucha pompa y publicidad, don Emilio realiza una extraordinaria labor social en colonias marginales de la capital y zonas remotas del país.

Una muestra de esa labor silenciosa es el simbólico proyecto de viviendas para los marginados indígenas de la etnia tolupán en la Montaña de la Flor.

El año pasado, más de medio centenar de familias tolupanes, que vivían en extremas condiciones de pobreza, se beneficiaron de este proyecto habitacional que es materialmente posible gracias a una alianza entre Hábitat para la Humanidad y Larach y Cía.

Con el aporte de Larach y Cía. y el apoyo de ingenieros y personal técnico de Hábitat lograron reconstruir el año pasado 26 casas en la reserva de la tribu San Juan, a las cuales se les acondicionó con techos nuevos, paredes, letrinas, agua potable, energía eléctrica y ecofogones.

Antes habían construido un número similar de viviendas en otras partes de la Montaña de la Flor y se amplió el centro de salud de la comunidad con miras a proporcionar atención médica a las parturientas de la zona.

Pero su trabajo social va más allá de esto. También es un permanente defensor del medio ambiente, continuo promotor de la educación y patrocinador del deporte.

Recuerda que comenzó a interesarse en las obras sociales cuando su hija Juanita le pidió que lo acompañara a su trabajo social educativo en la colonia Montes de Sinaí.

Ahí comenzó colaborando con materiales y herramientas para construir lo que hoy es el moderno Centro Básico Jorge J. Larach, bautizado así en honor a su suegro y por petición de su amada esposa Vilma.

Por más de dos décadas, don Emilio ha sido el permanente benefactor de este centro que se ha convertido en modelo educativo en Honduras y del cual han salido sobresalientes profesionales que hoy prestan sus servicios en el sector privado y el Gobierno.

Además ha impulsado otros proyectos educativos y culturales a nivel nacional a través de campañas como “Métele un gol a las drogas”, “Sí al fútbol, no a las drogas”, “Honduras verde en un 2X3”, “Escuelas verdes y cada gota cuenta” con el fin de proteger el bosque y fomentar el ahorro del agua. Es padrino del Club Gimnástico y patrocinador de la construcción y remodelación del Estadio Emilio Larach, en la populosa colonia Kennedy.

Por medio de sus reconocidos personajes Don Castor y Gotita Linda realiza campañas de protección del ambiente en centros básicos de enseñanza. Larach y Cía. lleva más de 10 años en esta labor.

Al describir el éxito en su vida y en los negocios, don Emilio lo resume en una oración: “Uno crece no tanto por ambición, sino por necesidad” y agrega: “Al empresario hay que dejarlo tranquilo para que pueda salir adelante en sus negocios”.

Categorias: