“Me colaba en el estadio por las torres”: German Aquiles Canales

NOTA DE REDACCIÓN: Hemos incluido una entrevista que le hizo La Prensa al conocido locutor sampedrano. Que disfruten su lectura.

Aquí les narra Aquiles Canales. La frase se hizo popular en el mundo deportivo de los años 70 y 80 cuando los narradores de fútbol competían más con su talento que con su garganta al transmitir las incidencias de un partido a través de la radio.

German Aquiles Canales fue uno de esos enamorados del micrófono que transportaba a los oyentes hasta las graderías de un estadio con el estilo muy suyo que imprimía en sus transmisiones.

Su vida pudo tomar el rumbo de la opulencia pues nació en el seno de una familia acomodada en Comayagüela, pero lo dejó todo en su adolescencia cuando lo doblegó el virus del fútbol. Trabajó hasta de cobrador de bus en la capital después de haber pasado por las aulas del Instituto San Francisco donde estudiaba la élite de la capital y del resto del país.

Su padre, un ingeniero egresado de la Universidad de Harvard lo matriculó en ese colegio pues decía que de allí saldría la oligarquía que mandaría en el país. No estaba equivocado pues cuando

Aquiles estudiaba en el San Francisco también lo hacían Rafael Leonardo Callejas, Porfirio Lobo Sosa y otros jovencitos que con el tiempo llegaron a ser funcionarios o reconocidos empresarios.

Sin embargo, el muchacho se sintió tan atraído por el deporte y especialmente por la narración que apenas si terminó la secundaria para dedicarse a organizar equipos de fútbol y a andar por allí grabando partidos imaginarios con una grabadora que le regaló su tío Trinidad Aguilar quien por ese tiempo estudiaba medicina.

Fue el tío también quien lo llevó por primera vez al estadio cuando era un niño, a ver dos partidos del Séptimo Campeonato Centroamericano y del Caribe. Quedó tan fascinado de aquel mundo mágico del fútbol, que poco después regresó solo al estadio y se perdió. Estando más grande, arriesgaba hasta su vida por ver un partido cuando no tenía para la entrada. “Nos subíamos a las torres del Nacional y de allí nos tirábamos a los techos de sombra. Corríamos como ninjas y bajábamos entonces a las graderías. Así era como nos colábamos”.

Rebelde sin causa

“Papá era un hombre estricto y exigente que quería todo de mí, y yo no podía darle tanto, así que terminé criándome con mi abuela que no sabía leer, pero fue una comerciante que hizo mucho dinero”, comenta ahora el ex locutor dedicado al negocio de la diversión y a la locución en menor grado.

Ella no era tan exigente, más bien le reclamaba al padre del cipote porque no lo había matriculado en el Vicente Cáceres que era un colegio popular.

Recuerda Aquiles que los domingos acompañaba a su abuela al hospital San Felipe adonde daba comida a los enfermos como un gesto de caridad. “Mientras ella andaba de cama en cama, yo me iba al manicomio que funcionaba en el mismo edificio, para ver a los locos”.

Aunque sus aleros eran rebeldes sin causas como él, solía dormir bajo techos suntuosos que le ofrecían amigos de su padre o padres de sus viejos compañeros en el San Francisco.

Gracias a que tenía una facilidad asombrosa para narrar partidos ficticios, solía tomarle el pelo a aficionados que al escuchar sus grabaciones creían que se trataba de una transmisión en directo y preguntaban como iba el marcador.

Sus amigos lo adulaban y lo ponían como ejemplo ante los grandes narradores de ese entonces.

Cierta vez, en el interior de un bar, uno de esos gurú de la radio lo retó a que le diera una demostración, pero el muchacho se negó aduciendo que él no era ningún payaso para exhibirse en público solo para demostrar lo que sus amigos decían de él. “Si quieren creer creánlo, sino así déjenlo”.

Aquiles creyó que aquello no pasaría de ser una chanza de parranda, pero resulta que a los días lo mandaron a llamar, nada menos que de Radio América, donde al presentarse se encontró de frente con locutores que él había admirado como Rolando Ramos del Valle, Silvio Peña y Antonio Mazariegos.

Para probar su capacidad le dieron una grabadora y lo mandaron al Estadio Nacional. “Me dejaron solo, jugaba el Olimpia con el Alajuela. Cuando terminó el partido entregué la grabación, pero no hubo ninguna respuesta”. Fue como a los cuatro días que lo volvieron a llamar para preguntarle si quería hacer una narración de verdad. ‘Si no te ponés nervioso vas a narrar a la par de Rodrigo Wong árevalo, Maco Mejía y Rolando Ramos del Valle’, le dijeron. No se amilanó y aunque le sudaban las manos, cumplió su sueño de narrar con los monstruos de la locución, siendo prácticamente un cipote.

Fue allí cuando Rolando Ramos del Valle , después de los intervalos comerciales, anunciaba con su voz aterciopelada: ‘y ahora, aquí les narra Aquiles Canales’.

Su salto a San Pedro Sula

Sus amigos de la calle no lo podían creer, Aquiles ya era un narrador de verdad. Su voz impactó además a los propietarios de la Voz de Centro América de San Pedro Sula quienes, mediante un telegrama, le mandaron a ofrecer el pasaje por avión para poder platicar con él y presentarle una propuesta.

Al enterarse Maco Mejía, uno de los locutores de comerciales de la América le dijo enfáticamente: ‘váyase que también yo voy para allá’. Así fue como cayó en la Voz de Centroamérica el 11 de junio de 1970 para dirigir el Departamento de Deportes. El presidente de la emisora Jorge Sikaffy fue un padre para él, lo llevaba, incluso, a sus viajes de trabajo a otros países, según dijo. Sin embargo,

Aquiles admite que le falló por su inestabilidad, ya que fácilmente se iba a otras emisoras a trabajar.

“Recorrí todas las emisoras de esa época”, manifiesta el ex narrador en su negocio del barrio Barandillas al hacer una reminiscencia de su vida frente al micrófono, la cual no ha dejado completamente.

Tiene un programa en Radio Internacional que se llama El Pugido en el que caracteriza a personajes del patio catracho, tal como los conoció en sus andanzas de juventud.

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